¿Te has preguntado qué significa haber nacido?

No como dato biográfico. No como fecha en un documento. Sino como misterio.

Piénsalo un momento. Vienes del vientre de una madre. Y en ese vientre no respirabas aire. Respirabas agua. Tus pulmones esperaron nueve meses en silencio, cerrados, inútiles en apariencia, mientras todo tu oxígeno llegaba por el cordón umbilical. Y un día, en un instante, en ese segundo brutal y milagroso que es el nacimiento, tus pulmones se abrieron por primera vez.

¿Quién te enseñó?

Nadie. No hubo manual. No hubo ensayo previo. Tu cuerpo supo. Supo que era el momento de dejar el agua y comenzar a respirar aire. Supo cómo hacerlo. Supo, sin que nadie le explicara, que ese era el gesto que te mantendría vivo el resto de tu vida.

Llevamos ese saber en el cuerpo. Un saber que no pasa por la mente, que no se aprende en libros, que no se puede enseñar con palabras. Un saber biológico, antiguo, que compartimos con todos los mamíferos que han nacido sobre esta tierra.

Y sin embargo, lo olvidamos.

Olvidamos que fuimos agua antes que aire. Olvidamos que hubo un tiempo en que no necesitábamos respirar porque alguien respiraba por nosotros. Olvidamos que nuestro primer alimento no entró por la boca sino por el ombligo. Olvidamos que vivimos nueve meses en la oscuridad más absoluta, flotando, creciendo, convirtiéndonos en lo que somos.

La partería me ha enseñado a no olvidar. A volver una y otra vez a ese misterio. A mirar cada nacimiento no como un procedimiento médico sino como un portal: el momento exacto en que un ser humano pasa de un mundo a otro, de la oscuridad a la luz, del agua al aire.

Y tú, que estás leyendo esto, también pasaste por ese portal. También hiciste ese viaje. También guardas en tu cuerpo la memoria de ese primer respiro.

¿Te has preguntado qué significa haber nacido?


Alejandra Montes Serna