Madre, Camino al Origen – Tejer el Pensamiento Materno
Madre, Camino al Origen – Tejer el Pensamiento Materno
«Este libro no es solo para mujeres. Es para todas aquellas personas que nacieron de una madre.»
Escucha el prólogo del libro
Tejer el Pensamiento Materno
Hay preguntas que no se responden con argumentos. Se responden con el cuerpo, con la memoria, con el asombro de quien descubre que siempre estuvo mirando sin ver.
¿Te has preguntado qué significa haber nacido? No como dato biográfico, sino como misterio. Vienes del vientre de una madre. Y en ese vientre no respirabas aire, sino agua. Tus pulmones esperaron nueve meses en silencio hasta que un día, en un instante, aprendieron a llenarse. ¿Quién te enseñó?
Este libro nace de esas preguntas. De la necesidad de volver a mirar lo que dejamos de ver por tenerlo demasiado cerca.
Sobre el símbolo madre
Aquí el símbolo madre no flota en lo abstracto como los arquetipos que habitan lejos del cuerpo. Este símbolo está encarnado en la biología. Es la placenta que alimenta, el cordón que conecta, el líquido amniótico que sostiene. Es la vida gestando la vida.
Desde la partería he aprendido a leer el mundo de otra manera. A ver en el nacimiento no solo un evento médico sino un episteme: una forma de conocer, de habitar, de estar. Este libro es un intento de compartir esa mirada.
Sobre el tejido
La metáfora que atraviesa estas páginas es la construcción de una mochila. Tejer es un acto de paciencia y de fe. Cada puntada confía en la siguiente. No se puede apresurar el tejido ni forzar la trama.
Las imágenes que acompañan el texto fueron creadas junto a un artista. Están tejidas, literalmente. El cordón umbilical que aparece en la portada no es ilustración: es hilo, es labor, es tiempo convertido en forma.
Galería del Tejido
Fragmentos del libro ilustrados por artistas. Cada imagen es una obra tejida que acompaña un capítulo.
Capítulo: EL Tabú de la Sangre
“¿Son más libres hoy los cuerpos que cuando las religiones monoteístas demonizaron la sangre menstrual? Probablemente sí, en la superficie. Pero la cultura del control ha encontrado otros templos. En lugar de altares, laboratorios; en lugar de penitencias, dosis. La fe ya no se deposita en la pureza del alma, sino en la química del equilibrio. el tabú no ha desaparecido, solo ha mutado. La crueldad se ha refinado y vuelto técnica. Se celebran los avances médicos mientras se silencian los ritmos que sostienen la vida. Se suprimen ciclos, se enmudecen síntomas, se normaliza el cansancio. Así, bajo la promesa de libertad, los cuerpos son extraídos de su temporalidad vital. Nos sacan —de manera casi imperceptible— del ritmo vital del tiempo.”
Pintora: Natalia Ruiz – Bordadora: Luisa Fernada Puerto
Capitulo: la Menopausia Enferma
“La menopausia, cuando se aborda desde sus síntomas —que en muchas mujeres pueden ser devastadores—, representa, desde mi mirada, el culmen de una fractura prolongada: la del cuerpo vivido. Es el punto más alto y más hondo de la fragmentación que he venido cartografiando al señalar la invisibilización del Símbolo Madre. Y lo es no porque marque el cierre de la capacidad reproductiva ni porque signifique, como suele interpretarse, la decadencia del cuerpo envejecido. Lo es porque esos «síntomas» son, para mí, un grito ahogado que viene de lejos: de menstruaciones intervenidas, contracepciones provocadas, sugeridas y exigidas bajo conceptualizaciones que menosprecian el cuerpo de la mujer. La menopausia es la estocada final para ese cuerpo vivido —convertido durante años en un cuerpo reproductivo—, una estocada que lo cansa, lo agota, lo vuelve sordo a su propia sabiduría y lo hace vivir fuera del tiempo. En este marco, no es casual que la salud mental de las mujeres en tránsito por la perimenopausia y la menopausia se encuentre en un estado crítico: se multiplican los diagnósticos de ansiedad, depresión y trastornos del ánimo; se prescriben con frecuencia ansiolíticos, antidepresivos y hormonas como si fueran soluciones neutrales, y en algunos países las estadísticas revelan un alarmante aumento de la ideación suicida en mujeres entre los 45 y los 55 años. La sensación de vacío, de caída del sentido, no es producto exclusivo de las alteraciones hormonales, sino el eco de una historia de intervenciones clínicas y simbólicas que han erosionado el cuerpo vivido. Es un círculo vicioso: se ignora la raíz del malestar —la desconexión con el cuerpo y su lenguaje— y se responde con más medicalización, más silenciamiento. Se nos pide resistir, aguantar, «sobrevivir» esta etapa como si no hubiera otra forma de habitarla.”
Pintora: Natalia Ruiz – Bordadora: Carolina Perez
CapÍtulo: Madre Rito
“El primer rito, el rito funerario, está entonces íntimamente ligado al rito del parto y el nacimiento. Visto desde esta forma de ver el mundo, la inteligencia de estas tribus primigenias (Neardentales y Naledi) no corresponde al tamaño de sus cerebros como ya lo he mencionado, pero tampoco radica exclusivamente en el desarrollo de sus armas o herramientas para intervenir o luchar contra el medio para sobrevivir. La inteligencia humana se crio originalmente en los cuerpos de las hembras que caminaban el ciclo menstrual cada 28 días y que, a raíz de esta forma de contar el tiempo, pautaron un ritmo lunar que les permitió comprender los ritmos de la naturaleza. Así también fue como a través del parto, del nacimiento, del amamantamiento, y de la crianza, que este gran milagro llamado Homo (Humano) tejió relaciones con el medio y el cuidado se expresó en ello para forjar el conocimiento y las culturas.”
Pintora y bordadora: Natalia Ruiz
Capitulo: Somos Iniciados
“Nadie que haya vivido hasta ahora ha llegado a la existencia sin el cuerpo de una mujer fértil y menstruante que nos haya gestado y por cuyo vientre hemos nacido. Y nadie ha llegado sin la semilla fecunda que hizo posible esa gestación. La vida humana acontece en esa conjunción: matriz y semen, sangre y semilla, territorio y siembra. Nadie atravesó el umbral de la vida sin placenta, sin líquido amniótico, sin ese primer territorio que nos sostuvo antes de cualquier documento, antes de cualquier inscripción jurídica. Ese punto de partida compartido, eso común, no es solo un dato biológico que nos clasifica como mamíferos placentarios. Es también una iniciación. Somos iniciados porque hemos nacido. Hemos atravesado el rito radical, hemos nacido y nacer es llegar a la existencia. En nuestro propio cuerpo está inscrito ese conocimiento. Cada ser nacido es un condensado de memoria viva: sangre compartida, respiración acompasada, piel sostenida por otra piel. Allí, en ese origen materno, la interdependencia no es una idea: es experiencia encarnada.”
“El trabajo de revalorizar el saber del Símbolo Madre pasa por repensar las categorías con las que se nos ha enseñado a comprender a la madre y el sentido mismo del cuidado. Frente a la figura de la Madre Letal propongo entonces la lectura de la Madre Irritada, no como una nueva identidad, sino como una fisura en el régimen de verdad que ha gobernado la consciencia moderna; no se trata de un cambio nominal, sino de una ruta crítica. La Madre Irritada irrumpe para desnudar el despojo histórico de lo Materno: su irritación no es un rasgo individual, sino la herencia de un cuerpo-territorio mutilado. Se le exige gestar, parir y proteger, pero se le niega la agencia para transmitir el cuidado de sí y del mundo. Uso «Irritada» en su doble matriz semántica. Por un lado, alude al enojo —esa rabia contenida de quien es negada—; por otro, revela su raíz: ir-ritada, donde el prefijo ir- (privación) despoja al rito de su función fundante. Madre Irritada es Madre sin Ritos: un sujeto al que le han extirpado la savia de los saberes rituales mediante un despojo epistémico prolongado que hoy reconocemos como epistemicidio. No se trata de un espasmo emocional efímero, sino de un duelo no resuelto por un crimen de saberes que, al no ser reconocido, nos convierte en cómplices subalternas de él. La invalidación se infiltra en los espacios íntimos: en cocinas despreciadas, menstruaciones manchadas de asco o silencio, partos usurpados, gestaciones infantilizadas, menopausias medicalizadas. Todo ello como ejercicio cotidiano de poder.”
Pintora y bordadora: Natalia Ruiz
CapÍtulo Ritos Maternos
“Nuestra época ha vuelto sospechosa toda forma de saber que no se traduzca en método técnico, dato o diagnóstico. Lo que no puede medirse se vuelve «creencia»; lo que no cabe en protocolo se vuelve «costumbre»; lo que se transmite por presencia se vuelve «anécdota». Por eso, cuando nombro rito, no nombro un gesto decorativo. Nombro un modo de leer la vida que la modernidad expulsó de la escena del saber, para dejar en su lugar una mirada que fragmenta, captura y gobierna. Llamo Ritos Maternos a ciertos umbrales donde la vida se vuelve legible: menstruar, concebir, gestar, parir, amamantar, atravesar la menopausia como rito de pasaje, morir. No porque sean experiencias «de mujeres» en sentido biológico, sino porque en ellas se conserva una inteligencia relacional: una forma de conocer que no separa cuerpo y mundo, sino que los reconoce como continuidad. En estos umbrales, el cuerpo no es objeto: es lenguaje. No es máquina: es territorio. No es identidad: es vínculo. Si el diagnóstico de la violencia sobre el parto mostró cómo una episteme puede producir cuerpos gobernables, los Ritos Maternos muestran lo inverso: cómo una forma de cuidado produce cuerpos capaces de sentir, recordar y elegir sin quedar capturados por la lógica del rendimiento. Aquí el conocimiento no nace del corte, ni de la extracción, ni de la vigilancia. Nace de la escucha: de sostener el tiempo de lo vivo sin forzarlo a convertirse en resultado. Su potencia no está solo en la denuncia —aunque la incluye— sino en algo más íntimo y más radical: reorganiza la percepción. Cambia el modo en que el deseo se forma. Cambia la manera en que el dolor se interpreta. Cambia la relación con el tiempo. Allí donde el mundo moderno impone cronologías externas, el cuerpo ritual recuerda un tiempo distinto: un tiempo que cicla, que retorna, que madura en silencio, que sabe retirarse y volver. Un tiempo que no se deja reducir a productividad. Hablar de rito es, entonces, disputar la pregunta por la subjetividad. La subjetividad moderna ha sido fabricada en un régimen donde el deseo se vuelve carencia, la autonomía se confunde con aislamiento y el cuerpo se vuelve un proyecto de control. Los Ritos Maternos abren otra imaginación: la de subjetividades que no se constituyen por separación, sino por relación; no por conquista, sino por reciprocidad; no por dominio del cuerpo, sino por alianza con su misterio.”
Pintora y Bordadora: Natalia Ruiz
Para quién es este libro
Para quienes buscan un lenguaje que no separe el pensamiento del cuerpo. Para quienes intuyen que lo materno es mucho más que una mujer siendo madre. Para quienes están cansados de los discursos que no tocan tierra y buscan palabras que se puedan habitar.
Para quienes nacieron de una madre. Es decir, para todos.